el trístemente célebre amante de la Chayo, nuestro Rasputín de la ya anciana transición democrática en México, Carlos Ahumada, en su libro --cuya ficha se debe por no tenerlo ahora a la mano (luego se halla)-- a tal grado desenmascara el valor (o más bien, el precio) de las encuestas como instrumento científico para la previsión política, que venir ahora con el intento de resucitarlas no puede ser, en el mejor de los casos, sino la muestra del alzheimer colectivizado.
En las páginas del libro Ahumada se explaya sobre el modo en que el dinero fabrica predicciones con la finalidad de manipular a la "opinión pública" y justificar fraudes a priori. A las encuestas les sucede lo que descubrieron los físicos cuánticos respecto a la imposibilidad de "estudiar" el objeto sin perturbarlo (principio de incertidunbre de Heisenberg). Y cuando se gasta baro a raudales las perturbaciones suelen ser severas, aunque no siempre logren torser del todo los hechos reales.
Y a propósito de estos temas, tendríamos que "virar" hacia el asunto de nuestra investigación histórica, hasta el punto en el que los mapaches (Carreño Carlón, José Woldenberg, Rolando Cordera, Adolfito y Trejo Delarbre), cobijados bajo el manto de la Tendencia Democrática que encabezó a mediados de los 70 el líder electricista Rafael Galván, coparon prácticamente los órganos informativos de la izquierda y penetraron las opciones opens de la comunicación estatal. Dicho operativo que se coordinó desde la revista Nexos llevó a José Woldenberg a la dirección del órgano oficial del recién unificado PSUM, aquel bodrio pluralista llamado el Así fue desde donde "Pepe" limpió a Gustavo Hirales (por entonces becado en alguna universidad italiana con presencia eurocomunista) y lo ungió como su sucesor en el cargo...
Copados pues por mapaches colaboracionistas con el régimen en turno ("intelectuales orgánicos"), la prensa y los órganos informativos del socialismo legalizado; destruidos militarmente la Liga Comunista 23 de Septiembre y su periódico Madera, aniquiladas esas instituciones de la resistencia revolucionaria dentro del viejo Estado priista, procedió la remodelación del régimen y el llamado tránsito...
Barridos los duros del "afuera", los reformistas prosiguieron con el descabezamiento de los nacionalistas de la Dirección Federal de Seguridad capitaneados por Gutiérrez Barrios. Medina Mora cogió la estafeta como prestanombres de la DEA, algo que se colige de La Charola de Sergio Aguayo.
Nuevas instituciones en una trama que podría encontrar su nudo novelado, su punto concéntrico "de ficción", el 30 de mayo de 1984, cuando el periodista Manuel Buendía, pluma por excelencia del viejo aparato de seguridad nacionalista, cayó asesinado.
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