Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

19 jun. 2012

Reencuentro con Marx

Leímos ayer de un sólo golpe la Introducción del más reciente libro de la Doctora Elvira Concheiro, Reencuentro con Marx, escrita por ella misma. El trabajo, explica ahí la autora, busca desmitificar el dogma marxista-leninista sobre el partido bolchevique y demostrar, a partir de una lectura de Marx que lo sitúa a cada momento en sus relaciones concretas y su militancia política en cada situación, que la forma partido, su manifestación concreta, depende de cada momento y desenlace histórico de la lucha de clases. Para Elvira Concheiro, Marx no aceptaba la separación de las ciencias sociales entre economía, política y sociedad, por lo que es posible desprender de su obra (y de su actividad vital en el momento de cada escrito) una reconstrucción profunda sobre sus tesis respecto al momento y la forma política partido en la lucha del proletariado en contra de la opresión capitalista.

Debería la Doctora Concheiro explicar la cristalización (fijación) entre los marxistas-leninistas del concepto partido en general como Partido Bolchevique por el modo de construcción ideológica mistificadora que se produce sobre las formas del valor centralizantes y metabolizantes(dinerarias) en una sociedad de mercado (formas éstas de las que también son presas los "marxistas" y de las que no se liberan por decreto), pero, no obstante, prefiere explicar esta mistificación ideológica padecida por el comunismo a lo largo de casi todo el siglo XX por la astucia de Stalin...

En la Introducción la Doctora intenta una investigación (genealógica a lo Perry Anderson) sobre el modo en que el marxismo occidental del siglo XX, y particularmente el del pos sesentaiocho que abarcó todos los setentas, recuperó teóricamente, ya en un intento por cuestionar los dogmas derivados de la universalización de la experiencia vanguardista bolchevique, el legado de Marx en sus escritos dedicados a la reflexión y práctica de la forma partido. Elvira repasa a fondo el debate relacionado con el tema surgido a partir de ciertas declaraciones del francés Louis Althusser: Bobbio, Howsban, Magri, el esfuerzo editorial de José Aricó, Fernando Claudín, Balibar, etc.

Todo iba viento en popa, los marxistas luchaban con todo su ánimo por salir del marasmo y el dogmatismo...

"Siguieron años difíciles --escribe Concheiro en la página 34-- en los que, en general, se perdió la densidad y riqueza del debate y, sobre todo, su carácter político vinculado a grandes sectores de trabajadores".

Y esto así, dicho nomás para zanjar la cuestión, resulta una verdadera pifia.

Rememora un párrafo después la Concheiro:

"Para entonces, ya se habían producido importantes cambios en las formaciones políticas de las izquierdas mexicanas, primero con la disolución del Partido Comunista, después con los diversos partidos a los que este hecho dio lugar, como parte de la recomposición y unidad de las fuerzas democráticas y socialistas del país". (p. 35).

Mmmm. "Disolución del Partido Comunista", "recomposición y unidad de las fuerzas democráticas y socialistas del país"... Ya empezamos a entender, pese a la "ligereza" histórica de la Doctora (ligereza a lo Barry Car), de qué se trató el debate y cómo fue que se zanjó, algo que Elvira Concheiro mejor prefiere olvidar.

Si el "rico debate" entre los marxistas de la Europa 1970-1982 decreció en densidad para terminar apagándose, ello obedeció a que, en el terreno de la práctica, se impuso en los partidos comunistas (incluido el mexicano) el eurocomunismo, esto es, la corriente socialdemócrata que negaba con su práctica de colaboracionismo de clase y fusión en la democracia (aceptación de la democracia burguesa como ley universal para los ciudadanos) cualquier idea de partido de clase proletario en un sentido marxista. La batalla la ganaron entonces los antipartido, aquellos que en nombre de un partido de masas fundido en la democracia abjuraron del materialismo histórico y de todo "doctrinarismo" para mudarse al pragmatismo, supuestamente limpio de todo ideologismo. En este tránsito pragmático, los eurocomunistas se fundieron con el liberalismo en aras de la democracia. La misión estratégica del partido de hacer la crítica de raíz de los dogmas dominantes liberales fue considerada un exceso de dogmatismo: en Roma, el "socialismo italiano", con sus particularidades nacionales, es católico...

El partido podrá tomar cualquier forma, dependiendo de cada momento del modo de producción, tipo de proletariado, forma de Estado, etc,. pero no puede prescindir de su crítica ideológica de principios contra todo liberalismo, es así como se presenta irreductible a la tabula rasa por la democracia universal, es así como se presenta desde su nacimiento como la práctica cotidiana por construir la nueva legalidad proletaria.

Con el eurocomunismo se impuso el liquidacionismo (en lenguaje de Lenin). Los partidos comunistas, sus militantes, corrieron al IFE a informar sobre sus datos más personales. El resultado es la quiebra indiscutible de la partidocracia que tanto le apura hoy a la Doctora Concheiro, esa degradación de la política y horror por el programa que caracteriza a los mercachifles partidistas y que "obliga a una urgente relectura de Marx", eso dice hoy la Concheiro aunque prefiera olvidar su fervorosa militancia eurocomunista hace ya casi 40 años...

Doctora Concheiro: si quiere escribir verdades con honestidad, hágase primero una autocrítica!!!

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