La próxima e inevitable escisión dentro de las filas del PRD representará el triunfo de nuestra política estratégica desde 1982, en que los liquidadores del Partido Comunista Mexicano, futuros funcionarios y "representantes populares", iniciaron la demolición teórica del concepto del "socialismo obrero" para empezar a vender el discurso de los "diversos socialismos" llamados a nutrir el caudal del Gran Río Democrático.
Había que dejar de ser "riveras" con todo y su espíritu de sectas, nutrir de rosas nuestros rojos, o lo que es lo mismo, enriquecer nuestra paleta con matices. El experimento duró unos cuantos años (1982-1989) porque luego los rosas devinieron en amarillos tras mezclas tricolores. El socialismo, después de la caída del Muro, se había convertido en una pura chaqueta. Quedaba el nacionalismo, la Constitución, lo mexicano, nuestras herencias particularísimas y siempre democráticas por "populares". Regresaban de nueva cuenta los "originalísimos" de la mexicanidad a los que José Revueltas dedicó su ensayo México; una democracia bárbara. La Revolución Democrática se transformó pues en un modus vivendi, en un chorito de vividores como ya se aprecia por muchos actualmente.
El grupo perredista que pretenda definirse dentro de la "izquierda" tras la negativa a continuar alianzas con el PAN, difícilmente podrá sobrevivir si se mantiene en su reivindicación programática de refundar el peronismo, perdón, el cardenismo, y tendrá que definirse abiertamente en el campo del socialismo por construir, aunque la amplitud de este espacio, tal como la concebía Arnoldo Martínez Verdugo entre 1982 y 1989 --años de la autodisolución del comunismo y el socialismo en México--, alcance todavía para un Gran San-cocho, donde quienes defendemos la opción de la revolución comunista encontraremos nuevos elementos y mejores condiciones para nuestro desarrollo.
Si algún sentido tiene hablar de la necesidad de la lucha democrática es en el relacionado con la construcción del lugar para que las fuerzas políticas confronten abiertamente sus programas. Y el comunismo en México, si no se entregó a manera de subalterno a las fuerzas de la burguesía cardenista, resultó masacrado sin misericordia por la otra cara del reyesherolismo y el gutiérrezbarrismo entre 1974 y 1981.
Así que, frente a los previsibles reposicionamientos de ex comunistas y ex socialistas en el "lado socialista" (¡cómo si los kilos que les sobran a estos avejentados y corrompidos ex del ex no contaran para nada!), permaneceremos en alerta y en posición de lucha. ¿Que qué tipo de socialismo? Bueno, por ahora no podemos saber mucho acerca del futuro, aprendemos de las experiencias de las distintas revoluciones del siglo XX, pero consideramos que el mundo de hoy, el mundo, no permitiría ya por ningún lado "revoluciones en un solo país" ni, por tanto, Stalines o Fideles. Como en ningún otro momento de la historia de la humanidad, la revolución comunista mundial está al alcance de la mano.
Ya no queda nada de los obreros de la Comuna de París, artesanos en realidad orgullosos de sus saberes del oficio, "un modo digno de ganarse la existencia con el sudor de la frente"; el nuevo ciudadano habitante del universo es parecido al "hombre sin atributos". No se trata de intentar resucitar el imposible socialismo obrero, pero ese cualsea multitudinario que entrevió en nuestros días la filosofía política desde Roma (Turin, Florencia, Milán, etc.), ya no es, y cada día lo es menos, la pequeña burguesía universal que miraba Agamben en La comunidad que viene, sino el indo-cumentado y desnudo que existe en tránsito por las fronteras como una producción del sistema capitalista.
Nuestra lucha ideológica contra los socialismos del siglo XXI, que como fichas reformistas del Estado se moverán próximamente, no excluye que en actuales y próximas batallas nos veamos obligados a estar junto a tantos ex arrepentidos de su antiguo arrepentimiento, con tal de que no nos quieran venir a vender eso de la "revolución ciudadana" hecha por militares constitucionalistas, o aquello de las "revoluciones populares" con la Cristina o el Correa al frente (algo muy Obama), pues si algo tiene vigencia entre las aportaciones políticas del marxismo del siglo XIX es la crítica de lo "popular" como olvido de la popularidad de las nuevas clases gobernantes. En eso estribó siempre la disputa entre los movimientistas y los con partido. Desde una visión moderna del Estado, en aquel prólogo célebre Federico Engels señala que lo "popular" no es sino la expresión ideológica del dominio de la clase dominante (las lenguas romances son burguesas). Sólo una perspectiva desde la lucha de clases puede construir la hegemonía contra la disolución de las diferencias por vía "popular" o "ciudadana", proceso éste de ciudadanización y popularización en el que se insiste en la superioridad de las ideas sobre las relaciones de producción.
Frente al populismo ruso de su época, Lenin extraería conclusiones semejantes a las del viejo Engels.
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