En las juventudes comunistas y en las organizaciones estudiantiles "amplias" del Partido Comunista Mexicano (PCM) estaba prohibido hablar "en positivo" de los militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Eran los "enfermos", los "provocadores aventureros de la ultraizquierda, el puritito Diablo. Muchos acalorados pleitos sostuvimos con nuestros "jefes" por ese motivo, hasta que muchos años después, en La Jornada --debe haber corrido el año de 1986 (checar en los archivos del "Correo Ilutrado")--, el ex fundador de la Liga Comunista 23 de Septiembre, Gustavo Hirales, para ese entonces ya un desertor de la causa revolucionaria y dirigente del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), clamó ante su entonces fornido coro de demócratas porque nos enviaran a las catacumbas del Por Esto!, dirigido por Mario Menéndez Rodríguez, pues sólo ahí publicarían nuestros infames panfletos.
Por su parte, los dirigentes de la Liga Comunista sostenían que los "frentes amplios" que proliferaron después de octubre de 1968 representaban "la historia de la fusión orgánica entre la policía política y la 'democracia' en proceso de descomposición".
Sólo un idiota saldría aquí con ese discurso clase media sobre la adicción de los revolucionarios a dividirse y a subdividirse. Se trata de dos bloques históricos de clase que terminaron irreconciliables.
Resulta que el texto que redactó Ignacio Salas Obregón como programa de su organización y que heredó al proletariado mundial (Cuestiones fundamentales del movimiento revolucionario), saqueado después por la academia de las sagradas citas, deslumbra por la profundidad metodológica fiel al Manifiesto del Partido Comunista y por sus apuntes teóricos sobre el capitalismo en México y su clase obrera en lucha autotransformadora.
¡Pensaban los enfermos!
Las tesis de Salas Obregón (fundador y líder de la Liga tras la muerte de Raúl Ramos Zavala hasta abril de 1976, fecha en que cayó detenido y fue desaparecido) rompen con la tradición teórica antiimperialista según la cual los países latinoamericanos son neocoloniales. Una línea teórica de la que no se desprenden todavía del todo incluso pensadores tan avanzados como Negri con ese centrismo para el que nuestros países estarían condenados a seguir la historia de sus hermanos mayores sólo que con siglos de retraso; más o menos en el esquema de imitar a los independistas norteamericanos para fundar una nación próspera con raíces en la pequeña propiedad privada labrada honestamente.
Y contra todo eso rompieron las tesis de Salas.
Para el teórico de la 23 el capitalismo en México está en su fase imperialista, pues cumple con los rasgos apuntados por Lenin en su conocido opúsculo sobre la última fase del capitalismo, si bien de un modo subalterno frente a los capitales monopolistas radicados en las potencias del mercado mundial. Estas geniales tesis del guerrillero (geniales para su tiempo) fueron hurtadas y "privatizadas" unos años más tarde desde la academia por Jorge G. Castañeda, que entonces era un comunista mimado (recién desempacado de la "escuela althusseriana" de París) y que terminó insertado de muchas formas al Estado mexicano postpriísta. Están emparentadas también (las tesis) con algunas de las posiciones que desarrolló el dependentismo economico latinoamericano más lúcido, como la referida a la categoría del subimperialismo de Ruy Mauro Marini en Brasil.
(en este capítulo permanece ausente cualquier análisis político cualitativo acerca de las nuevas condiciones político-sociales" del capitalismo mundial de la posguerra y se resiente también la no presencia de una sistematización teórica sobre el fenómeno del "socialismo real" y las contradicciones chino-soviéticas).
Decimos que el texto sigue el trazo del Manifiesto Comunista de Marx y Engels pues despliega el más riguroso estudio que se conozca en ese momento sobre la organicidad del sujeto, que es la clase obrera, constituida durante el proceso de la lucha de clases de las últimas décadas. Aquí, frente a los análisis que ponen el énfasis en el corte sobre los procesos de trabajo y la relación entre el trabajo vivo y el trabajo muerto enfrentándose como porciones del capital acumulándose, Salas Obregón prioriza el criterio para el corte de las "fases" en la organización clasista y en el sentido de las movilizaciones de clase.
Llamamos a rescatar la metodología de Oseas cuando propone los saltos orgánico políticos de una fase a otra (del mutualismo al sindicalismo y de éste a la organización directamente político militar de la clase del trabajo social) como resultado de la autocrítica de la propia clase. Así, para Salas Obregón el mutualismo es destruido por el sindicalismo en tanto que los sindicatos ya corporativizados son destruidos por las organizaciones político militares de la clase en movimiento. Una visión semejante en mucho a la del Negri de aquellos años.
El final del texto se dedica al despliegue ideológico de la clase en su lucha histórica por superar sus resabios economicistas. A ello volveremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario