En el periodo anterior a 1940, la clase encaminó sus esfuerzos a darse una organización de resistencia: sindicatos. Movida por las necesidades de resistir a los embates del capital, la clase destruye las organizaciones de viejo tipo "mutualistas", "cajas de resistencia", etc., comienza a fraguar una unidad orgánica para los obreros de una rama de la producción determinada, y crea además condiciones para el desarrollo de organizaciones de resistencia de carácter general.
Como resultado del periodo de 1940 a 1954, de las condiciones económicas políticas a las cuales habíamos hecho referencia, la clase es despojada de tales organizaciones. Este proceso se va sobre la base de la corrupción de una capa reducida del proletariado y de la dominación de las posiciones oportunistas en el seno de la dirección de tales organizaciones. Se inicia tiempo atrás para terminar con el despojo definitivo de toda organización de resistencia para la clase obrera alrededor del año de 1948.
Lo realmente importante de este proceso es que los sindicatos no sólo llegan a ser dominados por los líderes burgueses sino que son al mismo tiempo, y éste es el aspecto principal, transformados en verdaderos organismos de la burguesía al servicio definitivo de los intereses del capital.Para Salas Obregón entre 1956 y 1958 se da el último capítulo proletario por la recuperación de los sindicatos autónomos de clase democráticos, entendido su carácter democrático no en el sentido de Enrique Krauze sino como la capacidad dictatorial de la clase para someter a los capitalistas y a sus representantes políticos. Diez años después, en 1968, se iniciaría según Oseas el momento en que la clase del proletariado en su conjunto irrumpe directamente en el plano de la huelga política y las operaciones militares de las brigadas urbanas.
Todos los esfuerzos de la clase por trascender el mero sindicalismo, según lo palpan los dirigentes de la Liga Comunista 23 de septiembre, fueron canalizados por el reformismo (en alianza con la policía política a lo Reyes Heroles) a través de la consigna del "sindicalismo independiente". Proliferaron esas coordinadoras sindicales en que la primera condición para integrarla consistía en la renuncia explícita a toda militancia política (¡¡!!!). Y todo para que terminaran votando a la hora de la hora en frente "contra la derecha". El caso de Armando Bartra tan cuasi anarquista en su ensayo sobre el 68 (contra todo tipo de partido político para el movimiento) y tan lópezobradorista en cada coyuntura. En realidad, como ya se vio, y como lo miraba bien Salas Obregón desde entonces, la consigna reformista por los "sindicatos independientes" no era en realidad sino el rechazo absoluto a la construcción del partido del proletariado y a la politización de la clase. Desde Galván y Evaristo Pérez Arreola hasta los Esparza (que llaman hoy extrañamente a la construcción de un partido político pero que no renuncian a la dirección burguesa del lópezobradorismo), el reformismo intentó mantener al proletariado en ese egoismo colectivo que es el gremialismo.
La Liga Comunista se colocaba pues, en la práctica, en la postura del "izquierdismo" alemán, holandés e italiano que Lenin calificara de "enfermedad" en su conocido folleto. Apuntaba con sus fusiles contra los propios sindicatos, antigualla de la clase.
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