Después de leer a Broch me siento sin Os
y sin As
y sin Es
y sin Us
y sin Is.
Asistimos a 1 poeta Constituyente, o lo que es lo mismo: O-N-O-M-A-T-O-P-É-Y-I-C-O.
Incoercible y nostálgica conciencia volitiva de los rebaños,
la meta de su incoercible avidez de una dirección.
Oh, nada puede oponerse a la desnudez de la irrisión,
de la infernal barbarie de la risa,
deteniéndose en la canción de irrepetible presente,
trayendo el instante de su perfecta libertad,
el instante del nacimiento divino,
esta nada temporal de un instante,
por el cual sin embargo el todo es abrazado
como un solo recuerdo sin tiempo...
¡Oh, la paz de la nostalgia inalcanzable!
Después, cargado en la litera por cuatro de sus esclavos, ya enfermo y febril, el paso de Publio Virgilio Marón por la furiosa calle de la miseria. ¡Cima de las letras!
¡Abrid paso a Virgilio!, ¡Abrid paso a vuestro poeta!...
La vida de todos los días, al paso de la miseria más mísera, independiente de cualquier acontecimiento exterior, se cumplía allí realmente desprendida del tiempo... como si para sus habitantes no significara nada el improvisado paso de la litera y sí en cambio una molestia muy desagradable o, mejor dicho, muy hostil... Y entonces aquí, donde casa tras casa emanaba un hedor bestial de heces a través de las abiertas fauces de las puertas, aquí en esa marchita alcantarilla habitada, por la que iba en andas sobrellevada la litera, de modo que podía mirar dentro de los pobres cuartos, que tenía que hacerlo, impresionado por las maldiciones que las mujeres le lanzaban salvajemente y sin sentido a la cara, impresionado por el lloriqueo de los niños de pecho, en camas de trapos y harapos, enfermizos, por todas partes herido por el humo de las teas de pino fijadas en las paredes agrietadas, herido por la olorosa suciedad de los hogares y sus sartenes de hierro grasientas y cubiertas de vieja roña, herido por el cuadro estremecedor de los ancianos momificados, casi desnudos, por doquier agazapados en los negros agujeros de las casas, aquí comenzó a invadirle la desesperación, y aquí, entre las guaridas de los piojos, aquí, ante esa extrema degeneración y esa putrefacción la más mísera, aquí ante ese encarcelamiento en lo más hondo de la tierra, ante ese lugar de nacimientos malignamente dolorosos y de reventar con una maligna muerte, la entrada y la salida de la existencia entretejidas en la más estrecha hermandad, oscura intuición la una y la otra, sin nombre la una y la otra en el espacio sombrío de un mal sin tiempo, aquí en esa nocturnidad y lujuria sin nombre, allí tuvo que cubrirse por primera vez el rostro; tuvo que hacerlo bajo la risa gozosa e insultante de las mujeres; tuvo que hacerlo para una deliberada ceguera, mientras era llevado, peldaño a peldaño, por la escalera de la calle de la miseria...
--"¡Animal, animal de la litera!", "¡se cree que es más que nosotros!", "¡saco de dinero en el trono!", "¡si no tuvieras dinero, ya te gustaría andar!", "¡se hace llevar al trabajo!" --aullaban las mujeres...
--absurdo era el granizo de palabras ultrajantes que crepitaban sobre él, absurdo, absurdo, absurdo, y sin embargo justificado, sin embargo admonición, sin embargo verdad, sin embargo locura elevada hasta la verdad, y cada injuria arrancaba un trozo de orgullo de su alma, tanto que ésta quedó desnuda, tan desnuda como los lactantes, tan desnuda como los ancianos en sus andrajos, desnuda de tiniebla, desnuda de olvido total, desnuda de pura culpa, inmersa en la desnudez invasora de lo indistinguible...
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