En realidad el burgués verdadero es un realizador de proyectos.
Él ingenia la actividad que producirá el nuevo valor de uso por medio del cual, o mejor dicho, de su venta, se obtendrá la ganancia.
El burgués pide dinero a la banca (al capital financiero) para realizar su proyecto, se mocha con el interés y se queda con su ganancia.
Algunos latinoamericanistas se apoyan en esta contradicción entre el capital financiero y el capital productivo para recetar una teoría de la liberación en la que son los burgueses productivos (creativos) quienes encarnan el progresismo política y culturalmente. Todo ese espejismo de los liberales según el cual el trabajo del burgués no se distingue del que realizan sus explotados lo aclaró Marx en sus apuntes del libro III sobre la fórmula trinitaria.
--Pero los tiempos cambian --dice el Genovevo y vuelve a jalar a su marro.
Ahora los proyectos son otros.
Ayer, por ejemplo, se trataba de conformar sociedades humanitarias para la defensa de los sin papeles, hoy se recibe el préstamo, se alquila un bodegón, dos o tres camionetas, algunos refrigeradores por si se tratara de conservar los órganos, etc., y las armas para cazarlos...
Se les encuentra por los caminos igual que los buques pesqueros cuando extraen sus redes. Por cierto, sigue la mortandad de peces y de pájaros, ¡tengo un proyecto! Brotan los detectives con todo y sus hipótesis: que si murieron por estrés o fue la nata de mierda que se llevaron la última vez de la city los fibrosos vientos.
La cazería de migrantes se hace una actividad productiva, el buen burgués de hoy sigue teniendo motivos para exagerar sus contradicciones con quien le presta con interés. Habrán de liberarse algún día de sus agiotistas.
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