Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

14 may. 2011

estancias

Breves líneas aquí contra esa claridad de manual que exige en la palabra sentido único e independiente de toda interpretación; contra aquellos que cuando el artista expone, preguntan "¿qué quisiste decir?". Contra el positivismo:

De una novela es posible, en el límite, aceptar que la historia que en ella debía contarse al cabo no se cuente; pero de una obra crítica se suelen esperar en cambio resultados o, por lo menos, tesis que demostrar y, como suele decirse, hipótesis de trabajo. Y sin embargo, cuando la palabra hace su aparición en el vocabulario de la filosofía occidental, crítica significa más bien indagación sobre los límites de la conciencia, es decir sobre aquello que precisamente no es posible ni asentar ni asir... En el grupo de Jena, que intentó abolir en el proyecto de una "poesía universal progresiva", la distinción entre poesía y disciplinas crítico-filológicas, una obra que mereciese calificarse de crítica no podía ser sino una obra que incluyese en sí misma la propia negación y cuyo contenido esencial fuese así justamente lo que en ella no se encontraba. (Giorgio Agamben, Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental, Pre-textos, España, 2006, pp. 9 y 10).
El triunfo aplastante del positivismo impuso la interpretación sobre el carácter positivista de la escuela de Jena que, según esto, pretendía escribir una poesía científica. Se olvidó así, de plano, la propuesta de fertilizar la ciencia mediante la invención de un discurso de múltiples y potenciales sentidos.


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