Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

26 may. 2011

Oaxaca: sindicatos y política de clases

La intelectualidad orgánica del régimen está poniendo el grito en el cielo porque el paro magisterial de la sección 22 del SNTE presenta tintes abiertamente políticos con sus exigencias relacionadas con militantes desaparecidos y asuntos propios del gobierno democrático de Gabino Cue, como la destitución de algún miembro del gabinete.


Para el tradeunionista Leo Zuckerman los sindicatos deberían limitarse a luchar por condiciones de trabajo y salarios. Y su posición es tan francamente pedestre que su compañero de programa, Javier Tello, un demoliberal más consecuente que el resto de los locutores, se ve obligado por enésima ocasión a corregirle la plana y recordarle, frente a los televidentes, que además de la mera lucha económica los sindicatos pelearon históricamente por la construcción de una comunidad de clase (clubes y organizaciones territoriales más allá del espacio del trabajo) y por una alternativa sistémica al capitalismo: el socialismo. Para un demócrata consecuente como parece ser hasta hoy Javier Tello, la democracia implica la existencia de reglas para que las clases antagónicas dentro del capitalismo se disputen el poder en el marco de la lucha política.


El colmo de la estupidez y el cretinismo queda retratado en el artículo de hoy sobre el paro magisterial en La Jornada firmado por Soledad Loaeza. Entre otras lindezas, la articulista se lamenta porque "este nuevo episodio de la lucha magisterial en Oaxaca pone en evidencia otra de las promesas frustradas de la democracia mexicana: la despolitización de los sindicatos".


En la línea histérica que se imponía durante el priismo cuando el movimiento obrero osaba cuestionar su dependencia respecto de las estructuras corporativas del Estado, en esa misma conducta del Estado para criminalizar el derecho de las organizaciones obreras y de asalariados por intentar hacer política independiente de la burguesía y de clase, la Loaeza deja ver con cinismo su pobre idea de la política y de los sindicatos cuando se refiere al viejo régimen del PRI como modelo. La diferencia entre la política sindical corporativa de los tiempos de Fidel Velázquez y Hernández Galicia y la que impulsan hoy los maestros de Oaxaca consiste, tal y como aceptan todos los intelectuales orgánicos al unísono, incluso Soledad Loaeza, en que la politización del movimiento magisterial resulta natural y necesariamente de la inexistencia real dentro de la legalidad mexicana de una fuerza política que represente el interés de clase de los explotados. La política priista fue la de negación permanente de la independencia de clase de los sindicatos: la negación de la libertad política.


Y otra cosa que se cuidan de no decir locutores y escribanos es que los profesores oaxaqueños parecen haber entendido ya en términos estratégicos que el problema de fondo hoy en México es político y tiene que ver con quiénes gobiernan y conducen el progreso.


Finalmente habría que decir que en el estado político actual por el que atraviesa el territorio del estado mexicano, la mejor educación que pueden recibir los niños de las escuelas primarias es la de la lucha de clases.


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