Por tanto --escribe Hegel--, lo más esencial de todo es conocer que la verdad única no es solamente un pensamiento simple, vacuo, sino un pensamiento determinado de suyo.
Para llegar a este conocimiento, no tenemos más remedio que entrar en algunos conceptos abstractos que son, como tales, conceptos perfectamente generales y secos. Nos referimos especialmente a los dos criterios de la evolución y lo concreto.Sobre el concepto de evolución ya ha se ha escrito alguito, pero en esa parte de su obra Hegel dice de modo sucinto una línea que es importante para ir conociendo su vocabulario:
Para comprender qué es la evolución, es necesario distinguir --por decirlo así-- dos estados: uno es el que se conoce como posibilidad, como capacidad, lo que yo llamo el ser en sí, la potencia; el otro es el ser para sí, la realidad (Lecciones sobre la historia de la filosofía, Fondo de Cultura Económica, Traducción de Wenceslao Roces, México, 1977).
Y entonces vamos al otro concepto de lo concreto, que nos interesa aquí sobremanera, pues de su comprensión, entre otras cosas, se entiende qué tan lejos se encuentra Hegel de ese trascendentalismo que le endilga facilonamente cierta crítica inmanentista:
Es un prejuicio corriente creer que la ciencia filosófica sólo maneja abstracciones, vacuas generalidades; que, por lo contrario, la intuición, la conciencia empírica de nosotros mismos, el sentimiento de nosotros mismos y el sentimiento de la vida, es lo concreto de suyo, el reino determinado de suyo. Es cierto que la filosofía se mueve en el campo del pensamiento y que versa, por tanto, sobre generalidades: su contenido es algo abstracto, pero sólo en cuanto a la forma, en cuanto al elemento. Pero, de suyo, la idea es algo esencialmente concreto, puesto que es la unidad de distintas determinaciones. En esto es en lo que el pensamiento racional se distingue del conocimiento puramente intelectivo; y las tareas del filosofar, a diferencia del entendimiento, consiste precisamente en demostrar que la verdad, la idea, no se cifra en vacuas generalidades, sino en un algo general que es, de suyo, lo particular, lo determinado. Cuando la verdad es abstracta, no es tal verdad. La sana razón humana tiende a lo concreto; sólo la reflexión del entendimiento es teoría abstracta, no verdadera, exacta solamente en la cabeza y, entre otras cosas, no práctica; la filosofía huye de lo abstracto como de su gran enemigo y nos hace retornar a lo concreto.
Si combinamos el concepto de lo concreto con el de la evolución, obtenemos el movimiento de lo concreto.
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