Maquivelo fue despojado de todos
sus empleos y salió desterrado de
Florencia.
De mañanita
se levanta,
sale a cazar zorzales
deambula por el bosque,
observa el trabajo de los leñadores,
se sienta junto a las fuentes
y lee a poetas
que le hablan
de amores y destierros.
Va al mesón,
come y bebe
con la gente humilde,
juega a los naipes y se lía
en gruesas discusiones con
el posadero,
el molinero,
el carnicero
(los carajea,
les mienta la familia,
gesticula)
Por la noche
regresa a su aposento,
se cambia de ropa
y --vestido de etiqueta--
conversa
con los grandes hombres de la historia;
les pregunta
por qué hicieron lo que hicieron,
lee,
medita
y olvida la miseria
no teme a la pobreza
la muerte no le espanta.
Pedro Shimose, Reflexiones Maquiavélicas
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