Total, el panadero no estaba muerto sino que andaba de parranda.
Ella, hoy, le cambia el suero y, además, trabaja para su patrón. Dos veces explotada, dos veces jodida. Sólo que ahora, en vez de andar nomás rezongando, la trata de gozar. Grita: "¡pégame, pégame, pero no me dejes!". Está en edad madura y ya no quiere saber nada de su revista Fem.
Ni que fueran los setentas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario