Estuvimos anoche con el comandante Tiberio, allá por la colonia Morelos, donde ayer el Palacio Negro de Lecumberri. Y aquí, los grados los colocamos nosotros. En eso estriba nuestra soberanía.
No habría ni que decirlo, pero fue una condición que me puso Tiberio ya con la grabadora prendida: "escribirás en tu blog que la entrevista se realizó en medio de esta nube azul y dulzona, y que es puro pelo rojo".
--De acuerdo, no le hallo el caso, pero me interesa que me digas cómo es que ves los chingadazos...
--Con respecto a tu primera pregunta --ríe mordaz Tiberio con su simpático autoritarismo, y empieza la auto entrevista...--, mira, la llamada guerra contra el narco ha sido la forma en la que se vive un poceso de colonización de las tierras productivas del campo mexicano desde Estados Unidos. Algo muy semejante a la historia transcurrida en Irlanda frente a Inglaterra desde la revolución de Cronwell, siglo XVII. En México la lucha contra el narco, dirigida por la DEA y su representante Eduardo Medina Mora, concluyó con la expropiación de grandes propiedades agrarias dedicadas a la producción de la mercancía más preciada, opiáceos y mariguana, esa ilusión materialista, química, que sirve para no ver la luz de la realidad de frente.
Aquí Tiberio alza a contra luz el marro, se tapa un ojo, lo contempla:
--Obviamente que, de acuerdo a los tiempos abstractos que impone el modo de socialización por el valor de cambio, las expropiaciones no se limitaron a pasar de unas manos a otras las tierras más productivas del campo mexicano sino que la redistribución afectó también cuentas bancarias, riquezas y capitales de todo tipo. Y el hecho de que unos despeluquen a otros resulta, aquí y en Irlanda, sumamente violento. ¿Que por qué hablo de colonización? ¡Hermano! ¡Pues porque aquí y en Irak la DEA es la que se queda con todo! Ya no son los tiempos en que la nueva burguesía nacida en La Merced (carnales de Jacobo) aspiraba a saltar a la academia con educación gratuita y mandó a sus muchachos a la huelga del CGH. La furia de aquellos niños en el milenio naciente no era sino ese complejo vuelto ímpetu de la peque verdulera por ganar un espacio en la academia. Ellos, con sus caricaturas como horizonte político y cultural, eran todo corazón, eran todo enjundia.
--"¿Este cabrón no va a querer que encuentre la onomatopeya precisa para reproducir en el texto, aquí, su tos constante?", me pregunto, en tanto él, interrumpiéndose para tomar aire o echar el humo, sigue pregutándondose, preguntándose y contestándose:
--Lo otro que me interrogas, y que tiene que ver con el método expositivo, bueno... pienso que cualquier documento que se tenga que escribir ahora debería empezar por la crisis del mercado mundial que, parafraseando a Piochas, hace las veces de director de orquesta de la revolución mundial. Venir ahora con historietas "particulares" (que si Benito salía a pastorear ovejas) es no entender nada francamente. Mejor vamos captando en este mundo abstracto que la crisis como destrucción de memoria y apertura total del presente es el espacio común de la nueva era global. Toda una chingonería que sólo los que nada entienden dejan de gozar.
Aquí, obviamente, el humo traza formas, nudos, y luego se difumina hacia el límite de la nada.
Prosigue:
--Yo comenzaría ese documento con la situación actual de Grecia, la cuna de la civilización y la democracia. Subrayaría el carcácter proletario de las formas de lucha en Atenas: la huelga. Ahí mismo abriría un paréntesis sobre la banlieue en Francia, 2005. Un esfuerzo de caracterización en términos de clase, esto es de ubicación de los sujetos dentro del sistema productivo mundial. ¿Por qué nos diferenciamos de esos marxólogos de mierda que, como Guillermo Almeyra en su momento (noviembre de 2005) , gritaban contra "los violentos y los provocadores?".
--Carajo, Tiberio, me vas a hacer que abra otro frente más (!!!)
--Pos ni modo...
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