Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

9 nov. 2011

Sobre la alienación

Reconocemos una vez más el aporte que hacia la emancipación humana hace Feuerbach al lograr darle vuelta completamente al pensamiento que hasta entonces reinaba en la sociedad: no es Dios el que creó al hombre sino el hombre el que creó a Dios. El desarrollo histórico de la sociedad occidental permitió que se lograran desenmarañar las cosas de tal modo que fue posible explicar a Dios como un producto de la mente del hombre, un objeto que se vuelve ajeno a éste y lo domina. El hombre transfiere sus mejores cualidades a Dios, entonces éste objeto de la mente humana aparece con vida propia y se impone sobre el sujeto. Esa imposición, o cualquier otra, implica la supresión de la personalidad, la nulificación del individuo, la negación del ser, la dependencia de lo dictado. Feuerbach afirma que dado que la alienación está en la conciencia humana, entonces un acto de conciencia es la única forma de liberarse.
Desde esa perspectiva, toda crítica tiene una función emancipadora. La crítica a la religión permitió el reconocimiento de la enajenación humana por Dios, pero es sólo el principio del camino hacia la libertad humana.
Marx retoma la línea crítica de Feuerbach reconociendo que Dios es un fetiche que esclaviza al hombre, pero va más allá. Se cuestiona el origen de la esclavitud religiosa y pasa a la crítica de las condiciones materiales humanas que hacen posible y necesaria la enajenación religiosa. Penetra a un nivel más profundo de la crítica en el que analiza al hombre -no abstracto, sino social- bajo unas determinadas condiciones de producción. Y es allí donde descubre la gran alienación de nuestro tiempo: el trabajo.
Fue necesario voltear las cosas de nuevo para comprender que el trabajo no libera al hombre, sino que lo enajena. Es en el trabajo asalariado que el hombre se convierte en un mero objeto, perdiendo así su condición de hombre, su personalidad, su autonomía y se transforma en un ser pasivo, sometido y sin posibilidad de ejercer su voluntad.
Las condiciones materiales de producción en ésta sociedad obligan al ser humano a venderse, a vender su fuerza de trabajo (ya sea manual o intelectual). Reducido a mero objeto, el hombre aparece como ejecutor automático de un trabajo parcial, como un elemento que participa mecánicamente en los procesos que no conoce en su totalidad y en los cuales no participa creativamente, menos aún para determinar los fines de éstos.
El trabajador deja de pertenecerse y pasa a pertenecer a otro, así, los hombres y mujeres de la sociedad capitalista quedan desagarrados en su ser, vacíos, ya que le han conferido sus mejores características a algo externo y, nuevamente, el ser humano crea una divinidad a la cual le entrega su propia vida.
La riqueza generada por el trabajo humano se encarna en el equivalente social general, el dinero, el cual queda en manos privadas. La dependencia jerárquica de la clase trabajadora se debe a que los instrumentos, reservas y dinero de las empresas se encuentran en poder de la clase capitalista y gobernante.
El trabajador queda aniquilado y confundido, no comprende como ha podido llegar hasta el absurdo en el que vive… pero no tiene la opción de comprender ya que tiene que trabajar para comer. El capital lo somete económicamente y en esa raíz estriba la enajenación.
A pesar de ello, hemos podido observar expresiones de resistencia ante la alienación que produce el trabajo en el hombre. En México, desde los 60´s, han surgido movimientos contra la proletarización, protagonizados por estudiantes, campesinos, indígenas, maestros y guerrilleros.
Hoy en día, no es ni siquiera la esclavitud asalariada el destino asegurado para las mayorías. Hoy lo que se ofrece a los desposeídos es el empleo informal o la indigencia.
Ante ésta realidad es que se conforman movimientos como el de los Indignandos y los Ocupas, con quienes coincidimos en el planteamiento de que son los ciudadanos del mundo los que deben tomar el control de las decisiones que afectan a todos los niveles.
Se plantea cada vez más generalizadamente en el mundo la necesidad de superar la alienación por el capital, la necesidad de que el hombre se convierta en sujeto, con voluntad y capacidad de decisión.
Tanto el fenómeno de militares norteamericanos que se rehusan a seguir cumpliendo órdenes, como la conformación de Policías Comunitarias en Guerrero, son expresiones de la necesidad de los individuos por asumir el control de sus vidas.
Sin embargo, solo la revolución comunista mundial podría sucitar la derogación de la alienación humana al destruir los fundamentos de la sociedad capitalista que la genera. Vamos contra el trabajo asalariado y la propiedad privada, por el control social de las fuerzas productivas y la autoorganización de los trabajadores.


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