Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

9 mar. 2012

Tarde o temprano

Quizá tarde, pero le cayó el veinte.
Lo que le costaba era aceptarlo…
y vivir con eso:
nada tenía sentido.
La vida tampoco,
ésta quizá menos que nada.
Había abandonado las religiones,
las ilusiones de progreso y de reformas,
las posibilidades de la revolución,
en lo inmediato y en el largo plazo.
Nunca aprendió a actuar sin convicción,
todo en su vida lo había hecho con un fin,
había intentado ser congruente
y ceñirse consecuentemente al sentido,
al sentido que ahora nada tenía.
Transitaba en el vacío,
transcurría la existencia pura, sin ser.
Vegetaba solamente
alejándose cada vez más de todos y de sí,
de su historia y de su futuro,
el presente era ya vano,
solo el dolor y la angustia
le recordaban que aún vivía.
Todo había sido un sueño,
y al despertar
se sabía en medio de la guerra.
Entendía el porqué de la guerra
y sabía que no tendría fin.
Lo había estudiado,
había tenido gran pasión por comprender.
Ahora solo le quedaba tristeza,
rabia e impotencia infinitas.
Resistía pensando en que luchaba,
que tal vez ganaría la batalla,
pero… para qué ¿para sobrevivir?
y ¿para qué?
si esto era el infierno,
la pesadilla solo se alargaría
y sin duda, las cosas se pondrían peor.
Sabía que no había esperanza,
tampoco retorno,
y no quería volver a soñar,
no quería engañarse más.
Sentía que todo había terminado...
y eso que aún era joven,
sí, había amado intensamente,
se había fundido con el mundo
y había gozado con la vida.
Pero al fin, le cayó el veinte. 




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