Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

24 oct 2010

apuntes teórico literarios sobre la "situación revolucionaria"

La situación revolucionaria (ese concepto tan manoseado y tan fundamental del leninismo que se llegó a pensar como "ley" de los movimientos sociales) no es un hecho "objetivo" sino que se construye junto con el proceso de constitución del sujeto.

Gramsci profundizó en su tiempo sobre el modo en que la dominación estatal de la clase capitalista fue modificado sustancialmente con la imposición en su nueva medida mundial --desde el americanismo-- del mercado como "metabolismo social". Presentó en concreto la pregunta de si el nuevo modo de dominación (aquellas "trincheras" en la "sociedad civil") permitía en su seno la reproducción de una situación revolucionaria como la que se produjo durante los días de la Comuna de 1871 en la ciudad de París recién reventada por la industrialización intensiva del llamado "bonapartismo" (del sobrino) y en la Rusia de las ruinas de la autocracia zarista incubando soviets.

Hace ya casi tres años (noviembre-diciembre de 2007) nosotros diagnosticamos una "situación revolucionaria típica"(cuando los de "ariba" ya no pueden seguir gobernando como hasta entonces y los de "abajo" no admiten más ser gobernados) en Pakistán tras el asesinato de la candidata presidencial (y aquí habría que revisar en la biblioteca virtual el estado de nuestra memoria y el nombre de la candidata), pero por lo visto, un fenómeno nacional de este tipo puede llegar a descomponerse en el estado mundial actual si no coincide con un proceso general.

¿O hablamos de lapsos de maduración más largos en medio de la globalidad bipolar actual?

Un argumento sólido desde el punto de vista teórico contra la posibilidad de la "situación revolucionaria" como repetición a escala mundial de la experiencia bolchevique en el mundo actual podría venir de la concepción foucaultiana del biopoder, la cual apunta a la cuestión del  poder en el interior del cuerpo multitudinario... Pero volvamos a nuestra construcción novelada que ahí nos está haciendo falta todavía una pieza: el vínculo ideológico y anímico del movimiento revolucionario en México de 1960-1980 con la triunfante Revolución Cubana.

Sí:

la represión antiobrera del 58-59 más la masacre de Tlatelolco 10 años después y el Jueves de Corpus; y aparte la proletarización del trabajo intelectual y su nuevo modo de integración en los procesos de trabajo por la automatización de éstos,

sí:

todo eso resulta cierto,

más el fin de la onda larga de la acumulación capitalista a nivel mundial que venía desde el fin de la Segunda Gran Guerra:

una nueva objetividad mundial propicia para la radicalización de vastos sectores de la sociedad que se negaban a la proletarización.

Pero aparte de aquella objetividad pesaba el lado subjetivo y Cuba ahí jugó un gran papel (lo mismo que Vietnam unos años después); y fue quizá el gran mito que hizo olvidar siquiera la posibilidad de la derrota, ese arañar el futuro que conduce a los impacientes a trampas mortales.

La Segunda Declaración de La Habana pesó como una cosa concreta a la hora de ir a las armas. Y podríamos hacer la historia --sin pretender meter en este saco la experiencia mexicana-- de los desembarcos frustrados que se produjeron por todas partes en América Latina entre 1962 y 1967. En uno de ellos murió el tío Gustavo Patiño junto con sus hermanos. Aquello fue en las playas de la República Dominicana durante la dictadura de Leónidas Trujillo.

(nosotros lo llevábamos con orgullo como una medalla en el pecho, y ay de aquel que se atreviera a referirse en nuestras narices a los guerrilleros como terroristas).



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En la colonia del Valle no se vivió ni de lejos una "situación revolucionaria". Hablamos de un México casi compartimentado por el corporativismo. Cada clase en su sitio y en su particular tiempo. Y de multitud cero. Viejecitas jorobadas de misa antes de las siete. Misceláneas y sastres, peluqueros. Lolis, la de la papelería, según uno de los primos mayores ya más pervertidos, al poner su changarro en esa esquina había obrado según un plan maestro cuyo fundamento no era otra cosa que su incontrolable lujuria. Y es que ella, con sus 40 años encima y su buen ver de intocada (aunque sus ojos viscosos denotaban algo sucio) era lo que se podía llamar en aquel México una solterona.

--No te das cuenta --reclamaba el primo-- de que esta zorra pensó cada paso antes de actuar. ¿Quiénes llegan por lo general a las papelerías? Pues en primer lugar los jóvenes estudiantes de primaria y secundaria. Carnita fresca. A ésta le gustan los bebés. Te digo que se me queda mirando a la pistola bien pero bien cachondo.

El primo platicaba después que ya se había "tirado" a la Lolis y algunos lo llegamos a creer pues una noche lo vieron saliendo de la papelería a altas horas. Y dedicaríamos un capítulo entero a este personaje, sólo que ello sucedería en otra novela, pues, igual que el Artista, preferió sumarse a la vanguardia y optó por irse a los gabachos. Su caso da para estudiar los mecanismos generacionales del arrepentimiento aunque también para un intento de reconstruir ciertos pasajes de la corporativización de la población penitenciaria en América Latina por las sectas de mormones. De prófugo eterno de la justicia, este fulano lavó su imagen ya en el Primer Mundo y profetiza la palabra de Dios para los paisanos recién llegados.

Nos dijo --of the record-- el otro día alguien que le sabe a esos negocios: "Otras veces dan el pitazo. Ahí está un prieto (así nos dicen). Pistola y cura. Y ya acorralado no digo si no cree, te mira como a su Salvador, ¿lo puedes entender?".

Voces, voces, como en la película de Alfonso Arau Mojado Power: "Usted es un ilegal violando la frontera. Usted es un ilegal violando la frontera".


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Nos interesa constatar más bien que era en la colonia del Valle de aquel tiempo (1967) donde se habían ubicado junto a sus tres hijos los médicos Julián y María Luisa tras un exilio de varios años (desde 1962) en la Cuba socialista. Este núcleo sí resulta esencial aquí pues ilustra una de las rutas que se desprendieron de las huelgas ferrocarrileras del 58, la que podría simbolizar la existencia de un tipo de comunismo mexicano que fue a colaborar con la naciente Revolución cubana en armas.

Lo veremos más adelante:

Todos los lazos rotos al regreso con los espartaquistas de Revueltas y Rousset Banda. Sin conocimiento alguno respecto del trabajo político militar de Genaro Vázquez en Guerrero. A siglos luz de sus ex amigas de la bohemia de la Juárez. Llegados de Cuba en la víspera del 68, cuando se rumoraba en todas partes sobre la prolongada ausencia del Che en el escenario cubano.

Aislados en la del Valle,

da para un cuento bastante violento. Sobre todo si se narra desde uno de los tres hijos. Llegaban y metían por debajo de la puerta mensajes con escritos semejantes:

"Médicos, cuiden a su familia. ¡Perros comunistas!

Por avenida Insurgentes, a media cuadra de la casa de los médicos en Concepción Béistegui (Insurgentes y Béistegui era la esquina de las putas, del lado de la Nápoles), pasaban gritando consignas los manifestantes, pero eso estaba lejos de ser una situación revolucionaria. El orden en las aulas de la primaria pública "José Martí" (Mier y Pesado y Morena) permanecía intacto. Y el día de la muerte del Che en Bolivia (meses más, meses menos, eso poco importa), nadie dijo nada. Ni "esta boca es mía". No se pronunció una sola palabra. ¿Quién era ese güey?, preguntó el Takechi y los demás rieron.


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