Pues no paró de trabajar desde apenas salir el sol, regresar ya al oscurecer, ir a la oficina, vender chimichurri, hallar precios bajos para vender más caro, más aparte lavar la ropa, cocinar, ir al mandado, aspirar los muebles, servir el café, educar a la niña, aunque después de tantos años con una división del trabajo así, tales intercambios desiguales --toda una relación imperialista-- terminaron por hacer imposible cualquier comunicación conceptual entre marido y mujer y reducir sus mundos traducibles a un sólo espacio vegetativo en el que cogían y comían con una regularidad harto sana. Lo otro era el respeto, que quienes aman de otra forma suelen confundir con la pura fe y la costumbre.
Pero un teórico de características semejantes reproducía fuertes contradicciones desde el punto de visibilidad adoptado, pues si bien es una "paradoja" ser marxista y académico al mismo tiempo, lo es aún más ser marxista y explotador del trabajo del sexo débil en nombre del amor; mejor portarse bien para no estar conflictuado y tener el dinero para pagar una criada. Además, ¿cómo podía ser teórico del nuevo mundo un hombre así? Dejarse de romanticismos --que no son sino máscaras que usa el zángano--, ¿no? Además, eso de ser solamente un teórico no va con los verdaderos militantes, pensaba Orión en su autocrítica mientras no desmayaba en la búsqueda constante de otros camaradas.
Había ido a dar a las casas de estudiantes en el norte de la ciudad, donde miles de jóvenes provincianos absorbían con avidez los principios del marxismo-leninismo. Se había involucrado en un experimento maoísta de proletarización ideológica. Montaron un colectivo y pusieron un local que hizo de escuela por el barrio de Ceylán, en Vallejo. Orión impartía el curso de materialismo dialéctico, las cinco leyes, el salto de la cantidad a la calidad, y siempre fue fiel a su Nikitín bajo el brazo, podían aparecer y desaparecer modas intelectuales que al final su Nikitín era la neta.
Uno de sus jóvenes alumnos recibió de él una atenta reconvención --para Orión el respeto de los camaradas era algo sagrado-- por un ensayo relacionado a las "contradicciones entre el campo y la ciudad". Jacinto, su imberbe pupilo, había escrito en un párrafo la tesis siguiente:
Éramos Caínes envidiosos, inferiores, nacos, aguardando el momento de nuestra venganza o de nuestra redención. Nuestra cabeza era Caín, el demonio mayor, el que asumía toda nuestra inferioridad provinciana y sostenía el sueño radical de borrar la diferencia entre la ciudad y el campo por medio de no sé qué conjuras y sublevaciones catastróficas. Caín, el que mejor sabía remover nostalgias arrumbadas al tocar la guitarra; el que no quería perder su dejo de fuereño (Agustín Ramos, Al cielo por asalto).
Así que el compañero Jacinto se ha empachado con las interpretaciones freudianas.... Algunos hacen por reír, no están seguros de si es correcto, esperan. Conocen a su profesor. Si dibuja cierto gesto y encarna las cejas de un modo es que solicita que lo festejen con risas y francas carcajadas. Jacinto no entendió ni la O por lo redondo de lo que es la dialéctica. Podría decirlo así, pero se cuida de ser delicado con el muchacho. Entre las corrientes decadentes del idealismo podemos contar al freudismo, una de tantas expresiones ideológicas del capitalismo en su fase parasitaria. La otra es Nietzche. Miren, aquí dice. Página 233 del Nikitín. El muchachito de las gafas y el pelado a rape que se sienta hasta adelante lo mira con admiración verdadera y piensa, "es chingón el profe, se lo sabe de memoria". Pero de las tres generaciones que el profe Orión ha educado hasta ese día con su Nikitín es esta la más rebelde. Se trata sólo de cuidar que tanta juventud no se desborde, que no vayan a morir por no saberle medir la profundidad al problema. Una cosa es la decadencia y otra muy distinta estos perros hijos de la chingada... ¿Qué pasó, mi buen? ¡Si de lo que se trata es de ser libre! ¿De dónde tamaña amargura? He vivido por la alegría / por la alegría he ido al combate / por la alegría muero / que la tristeza nunca sea unida a mi nombre... Había otra traducción del Reportaje al pie de la horca (Julius Fucik) que terminaba que la tristeza no sea nunca unida a mi nombre. Igual cantaba "Yo soy aquel" de Rafael. Pero no se valía la incongruencia, o se conquistaba la alegría ¿o qué?
La prueba mayor para Orión, sin embargo, fue la tarde en que encontró los volantes en la mochila de la niña. En ellos se leía:
Un fantasma viene recorriendo el mundo entero y en particular a México, el fantasma del comunismo, de la revolución socialista. Todas las fuerzas que tratan de sostener el podrido orden burgués en la formación social mexicana, se han lanzado en santa cruzada contra ese fantasma: desde los Echeverrías hasta los más míseros charros; desde los Legorretas, Alemanes y Garza Sadas, hasta los representantes de la pequeña burguesía sometida a la política de la Oligarquía Financiera; del PRI al PCM y todos sus satélites; de Fidel Velázquez a Demetrio Vallejo; de Excélsior y El Sol, hasta Solidaridad, Punto Crítico, Oposición y Por qué?; los demócratas y militaristas pequeñoburgueses.
Todos han condenado a los enfermos, a los guerrilleros, a los obreros, estudiantes y campesinos ultras, etc. Todos a coro se han lanzado en múltiples formas a luchar contra la corriente revolucionaria del proletariado (Ignacio Arturo Salas Obregón, Cuestiones Fundamentales del Movimiento Revolucionario, abril de 1973).
Ándale cabrón, eso querías. Jijo de la chingada, ¿qué está haciendo esto en tu maleta, Adrianita? Tenemos que hablar seriamente, a ver, dame un momentito, te quiero explicar algunas cosas ahora mismo porque puede ser de vida o muerte...
--¡Hortensia!, mira, ven por favor, quiero que hablemos con la niña... Sí, sí, deja la cocina, es urgente.
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