Tema predilecto para nuestro extrañamiento la forma de la manifestación y el contenido de las consignas. Se prefiguró ahí un modo nuevo multitudinario directamente ideológico y político que moviliza al mundo para insubordinarse críticamente contra las políticas de terror que buscan apanicar a los gobernados e instaurar "un ciclo mediático y político que promueve un pánico perpetuo".
En nombre del sentido común y la cordura, esta multitud detectó ya que los gobiernos e instituciones del Estado "reformado" yanqui fueron ocupados por locos paranoicos desde hace un buen tiempo. Así, para la multitud no se trata de los derechos gremiales, ni de los intereses de una clase contra la otra, ni de la dignidad en nombre de ninguna patria sino de una traducción a la vida y a todos los lenguajes de la necesidad de impedir con ingenio y buen humor que los terroristas gubernamentales y "mediáticos" prosigan enfermando al resto del mundo. No es con un nuevo tipo de Estado como la multitud de Washington intenta curar al mundo, es simplemente sensatez lo que exige.
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Y en otro orden, es necesario registrar el desplazamiento general hacia la izquierda que se experimenta en los escenarios de la política en México. Algunos de sus "indicios" recientes: la entrevista póstuma de "Mono Jojoy" en La Jornada; el llamado de los líderes del ex SME a la formación de un partido político que represente los intereses de clase del proletariado, la negativa actual del pejismo a cualquier alianza con el PRI y el PAN. En este contexto se producen las declaraciones de Porfirio Muñoz Ledo en La Jornada de hoy donde el sempiterno saltinbanqui muestra su nuevo rostro de radical. Con su habitual cara dura, el ex de todas las causas republicanas (del PRI al PRD al foxismo y ahora al PT) afirma que el radicalismo fue "estigmatizado". En medio del alzheimer generalizado, la historia escrita por el ex senador establece que fue por él que el PRD se definió como un partido de izquierda. Aparte del abrazo por "la transición pactada" de 1995, se le olvidó a Muñoz Ledo la historia reciente --objeto de nuestra investigación-- en que la hizo como secretario del Trabajo en el gobierno de Luis Echeverría a mediados de los 70.
Nos contestaría Porfirio: "¿Quién es este impertinente? Checa por favor en qué año de la historia mexicana posterior a la Segunda Guerra Mundial alcanzaron los salarios su punto más alto... ¡Soy el Secretario del Trabajo con los salarios más altos de la historia mexicana en la segunda mitad del siglo XX!". Y así, con esa cantaleta, aparece por todos lados en petición del voto venidero de sus escuchas.
Contra esa política contrainsurgente que aplicó Muñoz Ledo a mediados de los 70, cuando era un brillante priísta, respondió en su momento el dirigente revolucionario de la Liga Comunista 23 de Septiembre, Ignacio Arturo Salas Obregón:
A diferencia del punto de vista oportunista consideramos que no toda condición de mejoras en las condiciones de venta de fuerza de trabajo, representa objetivamente un triunfo, la razón de ello salta a la vista: en diversidad de ocasiones la adquisición de dos pesos más, u otras cuestiones, se da como resultado del conciliábulo de intereses que los oportunistas pretenden desarrollar. El oportunismo en el seno del movimiento hipoteca en aras de la adquisición de un conjunto de migajas, el futuro del movimiento obrero. El proletariado sólo puede considerar victorias relativas en sentido estricto, esto es, desde el punto de vista de sus intereses de clase, aquellas que le permiten acercar el momento en que el Estado burgués y las relaciones de producción capitalistas se harán añicos.
Pero entre la multitud de ayer en Washington y Oseas media una época de tránsito que hizo emerger ya --contradictoriamente y al lado de la férrea tradición-- una subjetividad sin precedente (el sentido común movilizado en defensa de sí mismo) que anuncia de cerca el comunismo por la inteligencia colectiva.
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