Sólo su cuerpo hoy
podría transportarlo a una genuina alegría,
pero su cuerpo hoy no es
sino un fantasma en el tacto.
Su alegría es provisional,
y en gran parte falsa.
Lo mismo podría ser un eco.
Un eco de fantasmas.
Lo mismo con su voz y con sus gestos:
Cero despertares.
O, mejor, con despertares deletreando.
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