Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

26 jul 2011

del silencio a la música



Hoy, el ruido triunfa supremo sobre las sensibilidades del hombre
Luigi Russolo

La grabación de sonidos, su amplificación, análisis (descomposición) y difusión por medios masivos elevó a la materia sonora a un grado de tangibilidad como el de la arquitectura y la pintura. Se hizo posible la acumulación de sonidos, su conservación, y, por tanto, la coexistencia sonora del pasado con el presente y el futuro (los ruidos del crédito grabados) convertidos en Cosa. De todo esto, si acaso pudiéramos prescindir de la objetividad homogeneizadora por el mercado mundial y la producción capitalista (burgueses contra proletarios), surge la mezcla como potencia y realidad inexorable, el género musical por excelencia. El fin de viejas fronteras entre "alta" y "baja" cultura, entre lo "interno" y lo "externo", entre lo "original" y el plagio. La socialización. La internacionalización. La licuadora.

Lo mejor de la música es que no admite largos choros; si acaso breves presentaciones. Lo peor es que quienes intentan convertirla en historia no hacen sino tratarla con palabras, esto es, desde fuera de su propia materia. ¿De qué le sirve a alguien que no es un músico saber si tal o cual compositor tenía cierta influencia del estilo palestriniano si no es para sacar una palabra dominguera a la hora de un impensado convite entre colegas de la academia musicológica?

La exposición de la historia de la música tendría que sonar.

Para Luigi Russolo (http://www.temakel.com/node/336) en El arte de los ruidos (1913) se trata de comprender el pasaje desde el silencio al ruido y del ruido-sonido al ruido-musical.

La calidad de la música de un Russolo (o de un John Cage o un Pierre Schaeffer), que ésta sea buena o mala, nada tiene que ver con si su concepción teórica de la música es falsa o verdadera, más claramente: no anula la profundidad de su concepción teórica de la música como el arte de los ruidos. Su invención de timbres absolutamente urbanos, la invención de estos compositores, funciona también como paradigma del modo en el que el músico regresa al mundo sus propios sonidos, una vez pasados por el corazón social --el tempo de la época. Por esta vía ocurre también una renovación y acumulación de los sonidos sociales.

Russolo, no en balde, da una importancia estratégica a la tarea del músico compositor como inventor de instrumentos y máquinas de producir ruido, aunque quizá él mismo no imaginó que el papel de su choralcello sería cumplido mucho después por esa máquina del ruido que era la batería del rock en los años setentas, según los nacionalismos por entonces en boga.

Las máquinas de Russolo no resistieron la Segunda Guerra Mundial.

Hay que decir también que fue Russolo un precursor de la música electrónica, y en este sentido resultó profético, o quizá simplemente no hizo sino ventear la relación entre la producción de sonidos y las nuevas tecnologías...

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(y una de las enseñanzas de Oslo: no permanecer juntos y de a muchos durante más de 30 minutos. Andar a las vivas. Los fachos andan sueltos... y en taxi).

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