Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

8 jul 2011

la ley como tendencia en los movimientos sociales

Pues para mi que ese tal señor Mayr debería haber sido contratado ya por la encuestadora Ruy Campos.

¡Lo que se dice un modo no dialéctico --y hay lógica dialéctica-- de entender la libertad enfrentada a la necesidad y no en medio de ella, dentro de ella.

En la Ideología alemana Marx y Engels afirmaron que la libertad burguesa presentaba como azaroso el resultado de la anarquía de la producción que deriva de la competencia de todos contra todos.

En su Ciencia de la lógica el maestro Hegel procede a la demolición de los silogismos desde la nueva lógica dialéctica. Ninguno como él fue tan despiadado a la hora de echar al bote de la basura la vieja armazón lógica  del Medioevo. Para él la lógica de la negación de la negación (y no del puro eclecticismo) sintetiza el movimiento necesario del mundo, incluido el conocer en movimiento. En eso, sin saberlo, pone los fundamentos del materialismo histórico.

Hegel se burlaba en cada línea de los "azarosos", para él justamente eso era el racionalismo, la Razón: lo no azaroso. O sea, que Hegel explicaba el trabajo de la humanidad (aunque en él fuera sólo el trabajo del intelecto) por resolver las tareas históricas de cada época como la fuerza motriz que había llevado al presente, esto es, al punto más alto del desarrollo humano.

Nada de azaroso. Y sí de necesario. Para Hegel ninguna cosa en sí puede resistirse al conocimiento del hombre si éste se propone conocerlo.

Y si se puede decir que ese punto más alto del presente es el ahora histórico, con toda su putrefacción y su enrevesamiento, ello se debe justamente a que el trabajo del hombre fue sustantivado por el capital, desintegrado y encerrado en el socavón, donde la vida azarosa ni lo presiente.

Y sobre las leyes: podríamos decir que una de ellas, en el hoy y en el grado complejísimo de lo social, sobre el fundamento del trabajo asalariado, es la de la revolución-contrarrevolución.

(También Marx se burló siempre de aquellos que cantaban la libertad en medio de los ciclos de la valorización del valor).


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Así que, en el puro terreno del método que desarrolló Marx de Hegel,  aprovechamos para trasladarnos nuevamente al capítulo IV del tomo II de El capital, donde por motivos relacionados con la exposición de la verdad --que, además de ser concreta, sólo es una--, Marx, aparte de abrir el espacio para la aparición de las subjetividades en las formas funcionales de la circulación del capital, rompe la cerrazón abstracta del capital y lo relaciona con el mundo. ¡No hay capitalismo cerrado!, parece decir ahí claramente Marx, contribuyendo de antemano a la polémica que dividiría muchos años después a los socialdemócratas entre subconsumistas y quienes explicaban la crisis por desequilibrios entre los sectores de la producción o por la caída de la tasa de ganancia. Pero antes de pasar al tema que prometemos, veamos en la siguiente cita del susodicho capítulo del tomo II, la manera en que Marx trataba las leyes de la verdad concreta.

Refiriéndose al modo en que las conmociones del valor afectan los respectivos ciclos del capital productivo (P...P') y del capital mercancía (M...M') y la existencia de capital dinero de reserva en cada fase del ciclo, escribe Marx:

...Y, por el contrario, si los precios de aquellos elementos (medios de producción y fuerza de trabajo) bajan, una parte del capital dinero quedará disponible. El proceso sólo discurre enteramente normal cuando las relaciones de valor permanecen constantes, discurre de hecho mientras se superan las perturbaciones producidas en la repetición del ciclo; cuanto mayores sean las perturbaciones, mayor capital dinero deberá poseer el capitalista industrial para poder esperar a que la nivelación se produzca; y como al desarrollarse la producción capitalista, se amplia la escala de todo proceso individual de producción, y con él la magnitud mínima del capital que ha de desembolsarse, esta circunstancia se añade a las otras que tiende a convertir la función capitalista industrial, cada vez más, en un monopolio de grandes capitalistas pecuniarios, individuales o asociados.

La libre competencia dentro de la acumulación capitalista lleva al monopolio de grandes capitalistas pecuniarios. Esta es la ley, la ley como tendencia. Y a Marx no le interesa en este plano teórico y lógico, conceptual, si fueron las políticas neoliberales o las tranzas de Magdoff o si en la bolsa ocurrió un desperfecto que destapó la debacle de bienes y raíces. Tampoco le interesa si el dueño del banco mató a su sirvienta cuando era niño y, por esa razón, sus desequilibrios mentales se reflejan en los vaivenes de los precios de las acciones. Todas esas contingencias, por mucho que sean negras o blancas, corroborarán la ley de la centralización del capital en el movimiento. Por lo demás, en ese plano del análisis teórico ya dice Marx verdades concretas sobre los movimientos pecuniarios y el ciclo (las perturbaciones del valor durante la crisis como causa de la ruina de los medios y pequeños capitalistas) que hoy los corredores de las bolsas venden en sus pools a precios de brujería.

Respecto a la apertura del capital en relación al mundo no capitalista, tema que nos traía, a estas alturas de la exposición (cap. IV, tomo II), lo dejaremos para mañana en aras de la brevedad...

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