Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

16 jul 2011

la sonoridad ubicua que se "escurre" por doquier

Respecto a la línea de investigación que hemos venido esbozando en apuntes anteriores concerniente a la centralidad sonora en el siglo XX yanqui y al peso de la música como cemento (modo de comunicación) de los flujos multitudinarios, dejamos aquí constancia de una coincidencia de principio con el enfoque propuesto por George Yúdice en su texto Nuevas tecnologías, música y experiencia (gedisa, Barcelona, 2007), en donde el pensador neoyorquino afirma que no es posible comprender el significado posmoderno de la red social a menos de que se le atienda desde los oídos; en otras palabras, parece sostener Yúdice en el capítulo "Experiencia privada en espacio público" que lo que es fragmento para el que mira, resulta flujo para el que escucha.

Desde su foco auditivo o foco de resonancia (y no desde su "punto de vista"), Yúdice procede a la crítica de los posmodernos para los que el "nuevo orden social" (cuya realidad habría que discutir) es una reproducción a la n de un primer simulacro. Simulacros de simulacro con coreografía, y por tanto predominantemente visual. Con estas herramientas, afirma Yúdice, no puede mirarse sino fragmento ahí donde habita el flujo.

Como veremos a lo largo de este ensayo, la sonoridad reproducida técnicamente puede  conducir a otras interpretaciones... Acaso la fluidez --o liquidez- de Bauman (alude a Sygmunt, el de La sociedad líquida) tenga más que ver con la sonoridad ubicua, que se "escurre" por doquier.

En otro momento, promete (anuncia) Yúdice: "Por ahora proseguiremos explorando cómo las nuevas tecnologías de reproducción sonora conforman la experiencia privada y pública".

A través de la lectura del libro, que estudia las prácticas sonoras que cementan la cultura en la sociedad del siglo XXI, prácticas que constituyen el nuevo espacio del "individualismo multitudinario" (por el uso del walkman) en polaridad con la indefinible gelatina multitudinaria de lo conciertos al aire libre, queda ante los ojos como una pura objetividad el mecanismo por el cual se produce la contradicción, y se produce en y por la música, entre la posibilidad de su reproducción social gracias a las nuevas tecnologías popularizadas y, por el otro lado, el afán de las compañías disqueras por seguir tratando con mercancías para el enriquecimiento privado. Tan al alcance de la mano está, tan natural parece reproducir y socializar la música para los cuates y en las redes, que el "pirata" se legitima ante el absurdo de la legalidad existente, de la norma social en curso. Dicho de otro modo: es en el terreno de la música, adelantado que siempre estuvo, donde ocurre la legitimación de los piratas dada la simpática naturalidad de sus actos.

La violencia con la que se pretende privatizar a la música, desde los tiempos de los apañados trovadores del medioevo, siempre dio cuenta del alto grado de irracionalidad de los regímenes atemorizados.

Yúdice habla de "nuevas formas de interactividad" a partir de las nuevas tecnologías reproductoras de sonido. Se refiere también, como resultado de esas mismas tecnologías, a "nuevas maneras de fortalecer los lazos de afiliación y sociabilidad". Sumaremos sus resonancias a nuestros asuntos por investigar, pero desde ya decimos que apunta en dirección correcta este autor, pues las relaciones sociales, todas ellas, se modifican según los procesos de trabajo determinados por las fuerzas productivas.

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