(y entre la hegemonía norteamericana y la revolución técnico-material por la posibilidad tecnológica de grabar --acumular-- el sonido hay una relación necesaria que sería bueno investigar).
Pero a propósito de esa Introducción... de Schaff y de la investigación musical que realizamos, quisiéramos apuntar algunas de las opiniones del autor que nos parecen sustentadas en viejos prejuicios que explican de muchas formas que la llamada izquierda siempre se haya caracterizado por su sordera proverbial. Nos referimos a unos pasajes sobre la música en los que se clasifica esta actividad --junto a las artes plásticas y a la poesía-- entre las formas de comunicación por "contagio afectivo", lo que quiere decir que se coloca a los artistas en el punto de intersección, desde el hombre, con los animales.
¿No son la música, las artes visuales en cierta medida, la poesía, manifestaciones particulares de esa forma específica de comunicación? Hacen bien los conocedores de música en poner en guardia contra la percepción "programada" de aquella, es decir, contra la "traducción" de la música a un "lenguaje" de pensamiento en términos de nociones o de imágenes. Sostienen que la música debe percibirse como una corriente de estados emocionales de una clase específica. Estoy de acuerdo; en consecuencia, con el aserto de que si la música "refleja" algo serán solo estados emocionales, y que si transmite, comunica algo a otros, será precisamente sólo dichos estados. Me refiero, naturalmente, a la buena, a la gran música. Pero no estoy de acuerdo con la afirmación de que sea esa la "verdadera" comunicación, la comunicación por excelencia, aunque admito que es una forma diferente, especial, de comunicación.
Schaff distingue entre la comprensión intelectual (sólo por palabras) y la conjetura que se desprende de sonidos y gestos. Subraya el límite (ante lo intelectual) de la segunda comunicación por "contagio emocional".
Podemos decir, en resumen, que en el caso de "comunicar" uno sus experiencias a los otros por medio de la música hay un "contagio" emocional: los que transmiten el comunicado y los que lo reciben experimentan estados emocionales definidos; no puede averiguarse la analogía que haya entre esos estados; la reacción perceptiva a lo que es comunicado depende en gran medida del contexto emocional en que la persona que lo reciba coloque dicho comunicado.
¿Qué sucede con la comunicación combinada con comprensión intelectual, es decir, en el caso de la comunicación de ciertos estados intelectuales?
Inmediatamente ahí, Adam Schaff procede a decretar el monopolio intelectual de la palabra:
Las tareas intelectuales de comunicación pueden ser desempeñadas únicamente por un lenguaje de palabras, un lenguaje fónico (o su forma escrita). Todas las otras formas de transmitir contenido intelectual en una sociedad civilizada (excluyo aquí la cuestión -discutible, por decir lo menos-- del lenguaje de gestos como forma hipotética primitiva del lenguaje humano) deben en último análisis traducirse al lenguaje de las palabras; esto se aplica tanto al lenguaje de gestos como al lenguaje de las matemáticas, o a "lenguajes" convencionales como los de las flores, los olores, etc. No se aplica al caso de un lenguaje espontáneo de gestos de los sordomudos. Como se dijo arriba, en la primera parte, el error esencial de todas las especulaciones concernientes a los lenguajes artificiales consiste, sobre todo, en olvidar que esos lenguajes están basados, en último análisis, en un lenguaje natural, un lenguaje de palabras, en el cual son interpretables.
La música, según Shaff, no concibe, pero según Jacques Attali, tan conoce que es capaz de profetizar. Y lo dice el autor de Ruidos desde la experiencia incontrovertible (como suele ser todo lo que resulta de la intuición) del siglo norteamericano elevado al rock en los años setenta del siglo que pasó:
Joplin, Dylan o Hendrix dicen más sobre el sueño liberador de los años sesenta que ninguna teoría de la crisis.
De seguro esa misma verdad incontrovertible, según Attali, lo hizo enfocar la historia desde su presente así conceptuado para concluir que
si la organización política del siglo XX se arraiga en el pensamiento político del siglo XIX, éste está casi completo, en germen, en la música del siglo XVIII.Para nosotros resultan, apenas, temas de los que se desprenden tareas de investigación: La música como método, esa forma diferente de comunicación que dice Schaff, que huye lo más posible de toda objetivación por la calidad efímera, contextual, del sonido y su objeto-sentimiento. La música y su nexo con el sentimiento colectivo de la multitud en flujo a ritmo y contra ritmo. El ruido convertido en música y la posibilidad de la grabación del sonido en el lapso del predominio del capitalismo gringo.
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