Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

30 de jul. de 2011

tesis sobre la homosexualidad

No hablamos aquí de "casos" ni de individuos concretos. Tampoco nos interesa la cuestión desde un punto de vista ético-moral.

Sí: estamos más allá del Bien y del Mal.

Para nosotros --no conocemos otro método-- se trata de relaciones sociales montadas sobre el mercado y la producción capitalista mundial, las relaciones sociales que se producen en el putrefacto capitalismo del siglo XXI, incluyendo en primer lugar a la familia monógama heterosexual (de hecho, una de las causas que produce el florecimiento de las prácticas homosexuales en la actualidad tiene que ver con la descomposición de aquel núcleo).

Pero la expansión de prácticas homosexuales, que se presenta como un logro de la cultura democrática del respeto a la diversidad y a la tolerancia, no es en el fondo sino la negación violenta del amor y la pasión por la diversidad verdadera y violenta. Y es por el terror a esa diversidad verdadera que se intenta enfrentar y "resolver" las contradicciones por la vía de la homogeneización en las relaciones sexuales. De manera paradójica, el discurso ético de renacimiento del medioevo que explica la historia por la lucha entre el Bien y el Mal produce prácticas que, como si nacieran para el estigma, se satanizan por "anti-éticas".

Mucho han reflexionado sobre este asunto de la dupla ética-satanismo ese par de autores marxistas que son Jameson y Zizek. En el fondo de este discurso ético, han dicho también, está el dogma de toda metafísica que entiende a lo Uno como lo simple y absoluto, carente de contradicciones. Para estos autores, la posmodernidad capitalista se caracteriza por el terror atávico a las contradicciones.

Es fácil percatarse de los procedimientos del dogmatismo que busca el encuentro de la libertad en un reino supuesto del respeto a lo diverso y al Otro. En esa línea anti-dialéctica se llega por lo general, desde una experiencia limitada, a grandes verdades generales como esta: "Todas las x son iguales". De manera harto curiosa, los que abogan por la experiencia como vía del conocimiento, la suprimen ante el primero de los contratiempos.

Ellos; Jameson y Zizek, también han demostrado fuertemente los límites reducidos de las pretensiones libertarias que se reducen a tal respeto por la "diversidad" y la tolerancia. La expansión del  mercado y la realización de la plusvalía requiere cada vez más de que se amplíen gustos y deseos en el universo de los consumidores. Resulta, pues, casi siempre, que el discurso "libertario" no es sino el celofán que envuelve para regalos las relaciones que se producen en medio de la explotación de unos por  otros.



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Para terminar, una de Jameson que viene al caso:

Imaginar que, a salvo de la omnipresencia de la historia y la implacable influencia de lo social, existe ya un reino de la libertad --ya sea el de la experiencia microscópica de las palabras en un texto o el de los éxtasis e intensidades de las varias religiones privadas-- no es más que reforzar la tenaza de la Necesidad en esas zonas ciegas donde el sujeto individual busca refugio, persiguiendo un proyecto de salvación puramente individual, meramente psicológico. La única liberación efectiva de semejante constricción empieza con el reconocimiento de que no hay nada que no sea social e histórico; de hecho, que todo es "en último análisis" político.
 Fredric Jameson, Documentos de cultura, documentos de barbarie, Visor, Madrid, 1989, pp. 17 y 18.