Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

20 abr. 2012

tras el personaje

se me fue el avión en plena faena y dejé ir unas fibras sintéticas en la salsa. Cuando el invitado hizo una observación sobre esa extraña materia de consistencia  indigerible e inrrumiable contraindicada en cualquier caso por las reglas de la alta cocina, que confundió al principio con una de mis canas --me lo dijeron de un sopetón sus ojillos miopes que indagaban indiscretos sobre mis sienes-- y que mostró como prueba de la falla, interrumpí sin corrección, olvidándome por un instante de mi condición de criado, en tanto alcancé a balbucear algo acerca de las fibras japonesas que "nos" regaló la señora Matusalena, pero la mirada del patrón me cayó como un rayo, obstaculizó el libre flujo de mis palabras y me quitó de golpe cualquier clase de aplomo. Un poco después, cuando don Ojerón pasó a los digestivos, tras los tres tequilas de aperitivo, entró de pronto, subrepticio, en la cocina, con esa forma que él tiene de deslizarse para anunciar infaliblemente sus explosiones de ira contra mi persona, se colocó a mis espaldas (yo fingía menear la sopa con la cuchara grande) y me dijo en voz muy baja que no me quería ver más en su casa y que hiciera el favor de pasar a retirarme, con todo respeto. En la puerta me esperaba el ama de llaves para pagarme.

aproveché para ir al café del viejo Iriarte. Estaba vacío, pues la tarde era fría y lluviosa. Los clientes debían estar refugiados en sus oficinas. Solo, en una mesa, encorvado sobre su cuaderno de notas, Joel escribía de manera compulsiva. Saludé al dueño y pasé a sentarme junto al periodista, que ya iba por su quinta taza del día. La alzó y dijo: !No hay quinto malo! Por eso lo supe.

como siempre Joel se portó cordial y atento: experimenta pasión por anécdotas y relatos. Sabe los pormenores sobre la vida privada de todos los sesentaiocheros. Las historias del movimiento en el mundo entero. Así que indagué por el personaje que yo andaba buscando. Suponía que él debía estar informado aunque fuese algo. Joel conoce como pocos el qué y el cómo de un chingo de banda.

--¿qué con Herbert Marcuse?-- le pregunté como si se tratara de una leve curiosidad cuyo único motivo era hacer un poco de tiempo.

me prometió enviarme su respuesta por escrito, mismo que cumplió puntual al día siguiente. Hela aquí:


"Respuestas telegráficas sobre Marcuse:
1) Marcuse era conocido por elites.
2) Yo sabía poco acerca de él en ese momento, pero me atraía su cuestionamiento al marxismo soviético.
3) El suyo es un pensamiento libertario y de búsqueda de los nuevos sujetos revolucionarios y muy ad hoc para el movimiento estudiantil de cualquier época.
Por todo esto y mucho más lo combatió Díaz Ordaz con aquello de 'Filósofo de la Destrucción', frase que se le atribuye a uno de sus grost write: Emilio Uranga.
En el  PCM causaba cierto escozor, sobre todo en los burócratas como Unzueta. Veían muy mal a quien leía a Marcuse".

(Hasta aquí la respuesta de Joel).

Las elites, ?. Nombres. Nombres. "Para el movimiento estudiantil de cualquier época", mmmm. Ésto último sabe a metafísica de la buena. Esencia humana. Y además, la información no me acerca ni un milímetro al paradero de ese tal Marcuse, nacido en Berlín y radicado ahora en Boston. ¿Será?. Bueno, me dije, seguiré buscando...

Me despedí de Joel casi a la medianoche. Nos enfrascamos en discusiones que se iban por las ramas, y ese árbol tenía hartísimas ramas. Nos abrazamos fraternalmente, como si no nos fuéramos a volver a ver en años. Y en eso, en eso, descubro la falla (¿narrativa?): pues yo había leído su carta un día después y la despedida sucedió antes.



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