Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

23 jul. 2012

Contra los oportunistas

El proceso revolucionario es como un caudaloso río que tiende a desbordarse naturalmente y que aprovechan -de cuando en cuando- algunas clases sociales (distintas a la nuestra) para satisfacer sus intereses; una vez que lo consiguen, contienen el proceso revolucionario como si colocaran diques que bloquearan el flujo del río, de la fuerza vital de la libertad.
Nuestra clase -como todo lo que existe- es histórica, y la historia de nuestra clase -como toda la historia de la sociedad humana (exceptuando el comunismo primitivo)- es una historia de lucha entre clases sociales. Hasta ahora, a pesar de innumerables intentos, la clase de los desposeídos y explotados nunca ha sido finalmente la vencedora. Siempre los rebeldes de la clase oprimida han sido aplastados, sometidos y asesinados.

En éste hoy que nos toca vivir, tenemos la opción de continuar con ese trabajo colectivo histórico de clase. Aprendiendo de las experiencias, podríamos evitar el camino de siempre: ir detrás de otras clases y sus intereses en los movimientos. En vez de eso, por primera vez y finalmente tomar nosotros la bandera de la revolución y no pararla sino crear y construir en ella la nueva sociedad.

Como dijo hace unos días el bueno del “Chore”:

Almas rebeldes ¡Griten más fuerte! ¡Despiértense!





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