Practiquemos regularmente el ejercicio de distanciarnos de lo "normal" para analizarlo. Vista de lejos, la normalidad no parecerá tal. Miremos críticamente la sociedad, así nos daremos cuenta de que nuestro mundo - tal y como lo conocemos- es un absurdo y está de cabeza... pero podemos cambiarlo.

22 oct. 2012

El rito de Ricardo III versión 0.3

‘Llamo, busco al tanteo en la obscuridad.
No me vayan haber dejado solo y el único recluso sea yo.’ Trilce, Cesar Vallejo

 

dedicarse al teatro. verteatro. hacerteatro. comerteatro. ir a una buena obra una vez al año, tal vez menos. buena realmente, que las entrañas se retuerzan de sensación, que el mundo se vuelva inmenso en un descubrimiento, que la energía se contenga en el cuerpo por días aun habiendo sido espectador.


este fin de semana rebase el terreno de la comodidad sin realmente saber que me daría pavor encontrarme con 'el reflejo de la sociedad' --así le dicen a la penitenciaría--. foro shakespeare como intermediario entre el exterior y el encierro, shakespeare como puente entre el espectador y esos hombres condenados a perder la identidad, a ser indiferentes para los que nos 'comportamos bien', por montones 20 años de condena. Transitar por el mundo donde el cuerpo es ultrajado por normatividad, donde no posees nada más que un nombre recurrente por la lista, un nombre que pierde sentido, que se vuelve tortura, que funciona para localizarte y numerarte como parte de los que entran, de los que ya no salen.


el pasillo es estrecho, la obscuridad combinada con una luz blanca e intermitente produce taquicardia, somos recibidas por un espacio obscuro, entran algunas franjas luminosas del exterior, los anfitriones comienzan a aplaudir, apenas se distinguen 2 o 3 siluetas, pero se perciben más de 10 presencias totalmente eufóricas ‘Bravo! Los estábamos esperando’, no estoy segura de sólo escuchar aplausos y gritos o si los tambores también participan, me fundo en la celebración, yo soy también parte de la fiesta.



Nosotros somos los turistas, los mirones, los miedosos; ellos-- los presos, nos huelen los miedos, los prejuicios, la absorción en el cuerpo de todos los mitos del infierno y los monos que ya nada tienen que ver con el ser evolucionado llamado así mismo como ser humano—es que pensamos que después de cometer un crimen el alma se destruye imposibilitando toda belleza en el existir.

El rito de asistir al espacio negado por la clase a la que pertenecemos, parece que ninguno de nosotros sabe realmente cómo se vive aquí adentro, o cómo se vive allá fuera con alguien aquí adentro, parece que brotan nuestras culpas de no saber nada antes de este día, de no haber prestado la más mínima atención a la decadencia de esta construcción social y cotidiana, que produce su basurero como penitencia, en la periferia de nuestra ciudad, en todas las ciudades, donde aparecen encarnados los demonios que encerramos a conciencia en nuestras cárceles internas. Pero antes de entrar ya tienes la pregunta en la cabeza ‘¿matar o morir?’,/ ni aún desde la moral reducida de la clase media podemos responder que morir, es como un instinto de supervivencia diseñado en este mundo ya dañado. Aunque este tomar forma del individualismo muy lejos está de contener valor.

Asistimos a un espectáculo catártico desde el sabor ruidoso de compartir espacio con ‘el peligro’, ¿realmente queremos ver lo que estos casi 20 hombres tienen que decirnos sobre sí mismos, sobre nosotros? ¿Alguna vez hemos pensado en la transgresión como forma de convivencia? ¿podemos con eso? Algunos rostros en el público parecen estar viendo al mismísimo diablo.

Ellos se saben olvidados, han intuido su función de ganancia y su fin de pérdida, se vibran los rencores. Todos salimos asombrados de la calidad, de las puertas sensibles que se abren durante la función, de la razón crítica en la que se monta este trabajo, en la que te montan durante el tiempo que dura, todos nos levantamos asombrados de la silla a aplaudir la sobra de civilidad que tenían esos ‘no civiles’. Ellos se han entregado por completo, lo sabes, les crees. Seguramente no sabes quién es quién, todos son ellos, ellos son Ricardo, ambición, deseo de poder, crueldad, pero todos son una expresión abstracta de la posibilidad infinita en el hombre. Ellos han dejado de ser sujeto para ser expresión, tipo, impersonalización, criminales, les llamamos. No los podremos recordar mucho tiempo si no es a voluntad. Cuerpos que portan ojos rellenos de emociones, en los cuales encuentras ese odio del que se habla, sabes que también contienen impiedad, dolor, dicen no poder amar, realmente nos condenan en el desamor y no habría quién pudiera argumentar allí adentro que eso no es cierto; cuerpos interesantes que portan ojos, algunos desorbitados, que hablan con los labios de la lucidez, esa lucidez que no se lleva bien con el prestigio, ellos ya no tienen tanto que perder, tanto como nosotros los de afuera.

Cada Ricardo mata al Ricardo en el poder para sucederlo y todos mueren, siempre aguardados y atacados por Richi, el perro, y al final sabemos que muriendo el perro (el perro fiel al Ricardo poderoso, el perro fiel al trono) no muere la rabia, pero el perro en vida es parte de la fuerza, ¿quién es ese perro?

El cuerpo de una especie de hombre perro es elevado con cuerdas por soldados fornidos, el cuerpo pende del aire con los ojos blancos y notoriamente sobresalientes del rostro, no deseo estar en el mismo cuarto que un muerto, este perro noble, este hombre instinto alberga en su rostro moreteado un alma ya estática, él ya no respira. Pasan minutos y el cuerpo no baja, se escuchan susurros que delinean con letras las dudas ‘¿no se les habrá pasado la mano?’. ese perro ya conoce la tortura y controla bien sus nervios.


Ese perro es un actor que porta un arduo entrenamiento corporal, una profunda preparación psicológica, un feeling que envuelve nuestros corazones, nuestra atención, pero ¿quién es ese perro? Ese que muerde cuando le quieren quitar lo suyo… qué están diciendo… ¿tú traes a tú perro adentro? O no te has puesto a pensar en esas cosas, en tu relación con el poder. es que acaso se necesita perder la libertad y conocer el encierro para presentir y resentir esa cuestión inherente a la socialidad, es que vivimos en la ñoñería y sólo el mundo ya satanizado entiende y puede expresar con la energía que se necesita la obscuridad de nuestra actual realidad, o es que acaso este placer de satisfacer una necesidad sólo yo lo siento y estoy en el mundo del pesimismo.

En la angustia profunda de no querer seguir siendo indiferente a esta vida, a esta problemática, a este cáncer, sólo alcanzo a recomendar este trabajo ampliamente en lo que logro responder algunas de estas apariciones en mi vida. Estos hombres superan sus fallas técnicas por mucho gracias al apasionamiento y vitalidad discursiva de esta puesta en escena. uno sale pensando que el mundo sería distinto si esto se potencializara de una u otra forma en el medio del teatro, pero realmente tengo la duda de si más allá de la emoción momentánea y efímera de sentir la tierra abriéndose y expulsando el secreto magma de la vida , uno tendrá el valor y la fuerza en la psique para entender de que está compuesta nuestra materia de hombre posmoderno, y aceptar esas influencias.

Un él-ella danza al ritmo de los tambores destilando sensualidad, las vibraciones son cada vez más contundentes, más penetrantes; la imagen de esas grandes espaldas en la búsqueda de la fragilidad comienza a escurrir sobre las sillas, toda la sala se encuentra en una burbuja de morbo. Él-ella cubre su rostro con una máscara inexpresiva, neutra a la oriental, silenciosa. Pero el hombre aparece en escena, él-ella trata de salvar su dignidad y descubre su individualidad, él-ella se metamorfosea en una totalidad femenina con su voz y sus palabras, sabe de lo que habla, asume su nuevo genero, lo comprende. Entonces es tomada por tres soldados, le sujetan del torso y abren sus piernas, su pantaleta queda al descubierto, es profanada por la antorcha del macho, es crucificada como un maricón, es destrozada en una ceremonia por y para el trono, parece que sus piernas jamás se cerrarán.



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